Erase otra vez la misma historia,
repitiéndose a través de los años, los meses y los días. Erase otra vez la
misma historia de una sociedad predispuesta a la posesión, a la dominación, al
secuestro y por último al asesinato. Erase otra vez la misma historia de una
cultura androcéntrica en la que el pensamiento y la dialéctica transcurre por
oposición, jerarquización de dualidades y distribución de subjetividades
enfrentadas sobre ideas como privilegio y renuncia, dominio y sumisión,
reconocimiento y aceptación.
En esta dualidad, que se remonta al
mismísimo Aristóteles y que, desde aquel, los que le siguieron, reconocidos
padres de la Cultura Occidental, se encargaron de apuntalar, lo masculino se
contrapone a lo femenino y a ambos se les atribuyen correspondencias,
igualmente contrapuestas, como bien y mal, civilización y naturaleza, acción y
pasividad, público y privado.
Y este artificial enfrentamiento, que
hunde sus raíces en el origen de las civilizaciones, se conserva intacto y
refleja su peor impronta tiñendo de sangre la intrahistoria de las mujeres y
hombres que construyen la Historia.
Desde el año 2003, fecha en la que comenzó
a registrarse el número de mujeres asesinadas por hombres que ocupaban el rol
de parejas sentimentales, la cifra alcanza ya el número de 1.217 asesinos,
alentados por una sociedad patriarcal que propicia una relación desigual entre
sexos, en la que la mujer joven, la mujer casada o la mujer anciana pone en
riesgo su vida al decidir escapar de la reclusión, la domesticación o
sencillamente la tradición. Esta misma sociedad patriarcal es la que alimenta a
las manadas y también a unos policias locales que conciben a las mujeres como
presas a las que dar caza y violar.
Pero ante todo esto no hay emergencia,
como no la hay ante la represión que sufren las mujeres y niñas por los
talibanes en Afganistán, ni existe ante la extirpación del clítoris en países
africanos.
No hay alarma social porque todas ellas son diferentes expresiones naturalizadas de la misma cultura patriarcal. Cultura que llevó a nuestras madres a negarles el acceso a la educación, cultura que las sometió e hizo dependientes de los hombres, cultura que las menospreció, minusvaloró y denostó hasta hacerlas sentir invisibles. Cultura que las asesinó y sigue asesinando, prostituyendo, dominando y poseyendo en todos los rincones del mundo.
1.217 asesinos a 8 de agosto de 2023.
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