La privatización de las pensiones. Por el marqués de Carabás

 

Dos viejos comiendo sopa de Francisco de Goya

Estamos de enhorabuena porque seguiremos beneficiándonos y haciendo caja tras las elecciones del 29 de noviembre después de ganar y gobernar juntos PP y Vox como ya lo hacemos en Andalucía, Aragón, Castilla y León, Comunidad Valenciana, Extremadura y Murcia.

Del impulso a las universidades privadas con inyecciones de dinero de los contribuyentes, como ya se ha hecho en esas comunidades a costa de la financiación de las universidades públicas, que mejor dejarlas morir, vamos a pasar a la privatización de las pensiones, como ya ha anunciado José María Figaredo Álvarez-Salas, responsable económico de Vox y a un IRPF a nuestra medida, es decir a la de los ricos, burgueses y clases adineradas.

Pero vayamos por parte y empecemos con las pensiones. Privatizarlas nos supondrá beneficios a los que tenemos intereses en los mercados financieros, aunque perjudique a los trabajadores, pero aquí que cada uno defienda lo suyo. Al vincular las pensiones a los mercados financieros, cuando el trabajador se vaya a jubilar, si hubiera una crisis económica, como las que ha habido en los últimos años, el valor acumulado en su cuenta personal se reduciría drásticamente sin garantía de recuperación. Pero nosotros ya nos habremos lucrado con sus aportaciones.

Con el modelo actual el Estado garantiza una jubilación ligada al historial de cotización y al coste de la vida mientras que en un sistema privatizado gran parte del riesgo de longevidad y de rendimiento recae individualmente sobre el trabajador que además tendrá que pagar comisiones a los fondos de inversión y a las entidades privadas que gestionarán sus cuentas reduciendo sus ganancias del ahorro. Pero nosotros ya nos habremos forrado repartiendo dividendos como los 34.000 millones de euros que ganamos la banca en 2025.

Los trabajadores con sueldos bajos, carreras laborales interrumpidas o periodos de desempleo, es decir, la mayoría, acumularán mucho menos capital en sus cuentas individuales lo que incrementará el riesgo de pobreza en la vejez, pero que mas nos da, no son de los nuestros.

Y en el periodo de transición a las cuentas privadas el Estado tendrá que seguir pagando las pensiones sin recibir ingresos por cotizaciones, lo que generará una enorme deuda pública, pero nos da igual, lo nuestro es lo privado donde sabemos enriquecernos porque lo llevamos haciendo toda la vida. Y si no que le pregunten a Figaredo Álvarez-Sala por su abuelo y por su tatarabuelo empresarios y dueños de minas asturianas.

Y lo mejor de todo es que no ocultamos nuestros intereses ni nuestras intenciones de acabar con el Estado de Bienestar por su intervencionismo social y económico y por su pretensión de igualar a los ciudadanos como si todos fuésemos iguales, como si nuestros apellidos compuestos no significaran nada.

Y lo mejor de todo es que no necesitamos ocultar nada porque la gente a la que perjudica la privatización de las pensiones, a sus familias y conocidos o no votan o nos votarán a nosotros, agitadores del fango que vendemos y ellos nos compran a diario.

Del IRPF a nuestra medida, es decir, a la de los ricos, burgueses y adinerados hablaremos otro día.

El marqués de Carabás


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