Hace tiempo, mi amigo Juan decía que en las elecciones norteamericanas debíamos votar todo el mundo, habida cuenta de que sus resultados podían afectar a nuestra vida cotidiana. Y esto, que entonces nos pudo parecer un chiste, ahora lo vemos en titulares.
Latinoamérica conoce bien las políticas de los republicanos yankis, desde el bloqueo de Cuba, donde sus intereses empresariales permiten dejar morir a los bebes por no tener electricidad en las incubadoras, hasta el reciente secuestro del presidente de Venezuela con la excusa de una detención legal en defensa de la democracia cuando el objetivo era influir en recursos y contratos.
Oriente Próximo también sabe de la interferencia de los gringos con la inyección multimillonaria para que Israel continúe con el genocidio en Palestina y con los bombardeos sobre Irán para congraciarse con Netanyahu y, de paso, procurar el control de todo el petróleo que va a Asia.
Europa, tocada su soberanía con una Dinamarca tensionada cuando Trump amenazó con anexionarse Groenlandia alegando mejorar la vida de sus ciudadanos y ocultando su propósito de control geopolítico del Ártico, de sus riqueza en minerales críticos y de la seguridad militar frente a Rusia y China. España, agredida con los últimos sucesos en Ceuta, alentados por el mismo Trump y utilizada con mentiras por Vox para provocar tensión. Y el resto de los países de la UE al tener que incrementar en un 5% de su PIB sus gastos en defensa, bajo la falacia de garantía de paz y seguridad internacional, cuando el motivo era incrementar los beneficios de la industria armamentística norteamericana a la que había que comprar el armamento y en la que el propio Trump tiene inversiones, ya que según sus declaraciones financieras, su patrimonio incluye participaciones en grandes contratistas militares del Pentágono. Ante esto, España sólo aceptó el 2,1% ejerciendo el auténtico patriotismo que no el de la bandera.
Que los norteamericanos paguen la factura de la elección de su presidente, con los altos precios en la gasolina y en la bolsa de la compra y con llamadas a filas con un día de antelación, no es más que el resultado del binomio causa/efecto, y que el resto del mundo se vea igualmente afectado es también fruto del delirio colectivo que ha sacado de las urnas a un infantil megalómano, caprichoso, mimado, inculto y matón de patio para darle las riendas de nuestras vidas allende los mares.

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