La Odisea de Christopher Nolan

 

Sobre La Odisea de Homero existen varias versiones cinematográficas, entre ellas, El regreso de Ulises de 2024 dirigida por Uberto Pasolini o la miniserie de 1997 de Andrei Konchalovsky, por lo que abordar ahora una nueva adaptación podría resultar redundante.  Sin embargo, con la versión de Christopher Nolan ocurre lo contrario, porque es una interpretación oportuna y atrevida que golpea con contundencia y discreción.

Los hechos que narra Homero en el siglo VIII antes de Cristo y que ocurrirían en el siglo XIII antes de nuestra era son la excusa de Nolan para hacer una reflexión sobre la guerra y la fábula.

Sobre la fábula porque son tres narradores los que conducen el relato no lineal: el propio Ulises intentando recordar sus gestas; Menelao enalteciendo la batalla de Troya y el narrador omnisciente que nos sitúa en el momento presente de la acción.

Y sobre la guerra porque el Odiseo otoñal de Nolan duda sobre la grandeza de su epopeya al considerar el coste que, como todas las guerras, se cobra en destrucción y vidas humanas. Precisamente ahora, cuando Israel continúa ejerciendo su genocidio contra Palestina, Estados Unidos impone su fuerza sobre Irán y Rusia mantiene en jaque a Ucrania, sin olvidar las guerras que no dejan de sucederse en África.

Así, Nolan manufactura su impronta y aprovecha para hacer una interpretación pacifista sobre esta obra épica por antonomasia de la literatura, dotándola del supuesto realismo que la narración exige sobre una pátina de estilismo artístico personal.

Pero Nolan también dirige su mirada crítica a la corriente de ultraderecha que sobrevuela el mundo, aludiendo en varias ocasiones a la “ley de Zeus” para con los extranjeros a los que había que tratar cómo nos gustaría que nos tratasen a nosotros mismos, y escogiendo a una Elena racial con la que rompe todos los estereotipos.

Y Nolan acomoda también su versión a los nuevos tiempos solapando cierto feminismo que Homero no comprendería pero que ahora resulta conveniente subrayar so pena de anacronismo. Penélope interpretada por Anne Hathaway expresa que su condena es ser mujer y no poder elegir su destino, Circe, papel llevado por Samantha Morton, destapa la violencia que los hombres, por ser hombres, ejercen sobre las mujeres y la cabeza de la diosa Atenea rueda sobre las escaleras de su templo profanado. 

Con todo ello Christopher Nolan construye una Odisea de casi tres horas en la que predomina el hombre sobre su hazaña, su dolor ante el dolor ajeno sobre la conquista y la pérdida del tiempo pasado sobre la inmortalidad futura. 

Ulises es más hombre que héroe y como tal se nos muestra confundido y arrepentido de la soberbia que le llevó a ofender a los dioses. Y para ello Matt Damon se deja caracterizar ajado por la desmemoria y la edad haciendo una excelente interpretación del personaje que durante 20 años estuvo alejado de Ítaca. 

Y también en primera plana estará Charlize Theron, más delgada de lo habitual, pero con una luminosidad que llena toda la pantalla interpretando a Calipso, Tom Holland haciendo de Telémaco y Zendaya de Atenea, la diosa que acompaña y protege al héroe y que fue antes que Zeus. 

Christopher Nolan en esta su versión de la obra de Homero, además, nos deja el señuelo de Origen en el canto del bardo, porque fue una “idea” la que llevó a los griegos a conquistar Troya, del mismo modo que son ideas las que siguen llevando a la destrucción. Por eso, la banda sonora es brutal al sustituir la mayor parte del tiempo la música por los sonidos propios de las batallas, de las ciudades incendiadas y del dolor.

Aunque muchas inspiraciones de La Odisea han sido llevadas al cine, como O Brother! de los hermanos Cohen en el año 2000, o Cold Mountain de Anthony Minghella en 2003, esta versión de Nolan es aparentemente una fiel adaptación de la obra de Homero, que no obstante, oculta tras la tramoya un discurso contundente de apología contra la guerra, la xenofobia y el racismo. 

La Odisea de Nolan es una brillante obra maestra que recrea, como su autor original, el viaje del héroe y su exilio hacia el sol poniente, probablemente hacia las costas de la Atlántida, pero esa es otra historia. 


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