Por el marqués de Carabás
Por ello las 60 páginas que componen estas 150 medidas son nuestro nuevo evangelio y a ellas nos encomendamos para seguir enriqueciéndonos a costa del medio ambiente, de la menor capacidad redistributiva del sistema, de poner en riesgo la financiación de los servicios públicos y del agravamiento de las desigualdades sociales y de género.
Pero vayamos por parte y hagamos de ellas nuestro rezo:
1. Las rentas más altas y los grandes patrimonios somos los más beneficiados porque nos beneficiamos más con las reducciones fiscales, ya que quien más ingresa es quien más ahorra. Nos beneficiamos más con las bonificaciones en sucesiones y donaciones ya que somos los que tenemos los patrimonios más elevados y las transmisiones familiares de riqueza: a mayor patrimonio heredado mayor ahorro fiscal. Y también nos beneficiamos con la eliminación de impuestos autonómicos que afectan a quienes concentran la actividad económica y de patrimonio.
2. Las rentas medias y altas somos las que nos beneficiamos de las deducciones en gastos educativos, en gafas, en salud, porque somos los que tenemos suficiente renta para tributar y disponemos de cash para adelantar los importes (educación privada, etc.).
3. Los servicios privados de sanidad y educación mejorarán con la inyección de nuevos aportes económicos (esto a los de nuestra clase es lo que nos importa y nos afecta). Los servicios públicos se verán mermados como consecuencia de la maravillosa bajada de impuestos (esto a los de nuestra clase ni nos importa, ni nos afecta).
4. Para los servicios de dependencia no es necesario aportar, para ello están las mujeres que “como Dios manda” tienen que estar en casa cuidando a los abuelos y dejar los trabajos remunerados para los hombres. Ya está bien de la cantinela de la “igualdad”. Por ello pasamos al punto 5.
5. Las políticas de igualdad se sustituyen por políticas de familia y natalidad, con deducciones por hijos y apoyo a la maternidad de tal modo que volvamos a que las mujeres se dediquen a lo que les corresponde, a su función reproductora y cuidadora.
6. Como no puede haber medidas específicas sobre lo que no existe, no hay nada sobre violencia de género, brecha salarial o conciliación corresponsable.
7. Se recupera el mandato de dios de poner la naturaleza al servicio del hombre con la reducción de instrumentos fiscales de protección del medio ambiente, la flexibilización de normas ambientales y la eliminación de herramientas que limitaban el aumento de la contaminación. Así nos beneficiaremos con la eliminación de impuestos autonómicos ambientales (emisiones, vertidos, plásticos), con la revisión de la normativa ambiental para reducir gravámenes, con la reducción de incentivos económicos para contaminar menos, con la relajación de los controles y exigencias a sectores productivos y con la mayor presión sobre nuestros recursos naturales, especialmente el agua, con la promoción de regadíos, por ejemplo. Para ello está la sobreexplotación de los acuíferos aunque suponga pérdida de biodiversidad y arriesgue Doñana o cuencas con estrés hídrico, pero eso, ¿a quién le importa?
Y 8. Promoción de la tauromaquia y la caza, señas de nuestra identidad y eliminación de programas que tenían como excusa la integración social, la educación intercultural y en valores de igualdad y diversidad y que se alejaban de lo auténticamente español.
Este acuerdo, que cuenta con todas nuestras bendiciones está inteligentemente diseñado para mejorar, aún más, la vida de quienes lo apoyamos. Su arquitectura fiscal, con bajadas de impuestos, deducciones y menor redistribución, nos hará aún más ricos y con la reducción de la capacidad redistributiva del sistema, las ayudas basadas en incentivos fiscales y sin políticas sociales directas, los que tienen menos, tendrán aún menos. Ese es el reparto. Y ese es nuestro evangelio.

Comentarios
Publicar un comentario