“Pasó el último autobús, casi vacío, camino del centro. Serían las dos y cuarto y el airecillo norte retorcía, como jugando, la columna de humo a la puerta de la caseta” es el comienzo de la novela con la que el periodista y escritor Manuel Ferrand ganó el Premio Planeta en 1968. Una historia en la que las almas de sus protagonistas, el guarda de una obra y un sereno, habitan entre la soledad y el espacio sórdido nocturno de la ciudad que despierta a una nueva época.
Manuel Ferrand desvela en Con la noche a cuestas, igualmente, su alma sensible y comprometida dando voz a quienes no la tienen e igualando, el supuesto poco interés de sus vidas, a las de los que aparecen en papel couché.
Es por ello esta obra de máxima actualidad. Aunque la Sevilla que describe queda ya lejos, el trasfondo es el mismo y es extrapolable a cualquier ciudad de España, a cualquier ciudad del mundo en la que Dios y su desigual reparto de riqueza reconcome conciencias, como la del periodista que está dentro y fuera de la obra. Porque Manuel Ferrand no esconde la materia autobiográfica de la que se nutre y que aprovecha para describir al periodista amigo de Castro, el sereno. “No quiero que mis hijos sean periodistas, que sean médicos o arquitectos, o que sean oficinistas; periodistas, no. Pero callaba la otra verdad del cuento y era que si volviese a nacer, dedicaría su nueva vida al periodismo”.
Y esta pasión por su profesión será la credencial de su calidad literaria, de su sencilla, calmada y hermosa prosa en la que no escatima la utilización del lenguaje oral para remarcar el carácter popular y andaluz de sus protagonistas que transitan en un barrio “cómodo” de Sevilla, como escribiría el propio autor. Estos personajes migrantes, Tirso trabajador del campo y ahora guarda de una obra y Castro, el sereno de origen gallego llegaron a Sevilla con la esperanza de prosperidad y poco a poco nos irán desgranando sus vidas atrapadas en destinos forzados y entreverados de desencantos y frustraciones. Mientras a su alrededor sobrevive la resistencia al cambio, el desdén y el desprecio a la alborea de una España en la que la juventud se desmelena y recorta el largo de las faldas.
A través de las noctámbulas miradas de los personajes se irá clareando el paisaje de una España colmada de retraso y desigualdades herederas del franquismo que prolongaba su agonía. No en vano, uno de los personajes que orbitará entorno a los protagonistas será un exiliado político al que Manuel Ferrand tratará con especial cariño y al que pondrá en sus labios críticas al secular inmovilismo sevillano.
Y, a diferencia de la contraposición de antagonistas, en su relato los personajes se reconocen en el mismo plano existencial atrayendo la empatía del lector hasta el mismo meollo del conflicto.
Pero Con la noche a cuesta es también una historia de amor, de amores incomprendidos, alejados, idealizados que recuerdan la fragilidad de la vida y la generosidad que redime al ser humano, haciéndola universal y local al mismo tiempo.
Recientemente editada por El Paseo Editorial, esta obra literaria de inmensa belleza significó para Manuel Ferrand su consagración como escritor que no como periodista que ya estaba consagrado y, sobre todo, el reconocimiento a su trabajo minucioso de análisis periodístico y social, comprometido y valiente.

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