800 años de Al-Ándalus

Minarete de la mezquita Koutubia de Marrakech

Reivindicar a don Pelayo o incluso al Cid Campeador quizás motive más allá de Despeñaperros, en concreto en Bilbao, a apellidos pasiegos a los que la endogamia les aplana el cerebro. Pero a los andaluces y andaluzas nos emociona saber que durante los 800 años de Al-Ándalus acontecieron épocas en las que fuimos el orgullo de Europa. Una tierra, Al-Ándalus en la que la medicina, la matemática, la filosofía, el arte, la literatura y la economía vivieron el mayor esplendor de la historia de la península Ibérica.

A aquellos tiempos, bajo el gobierno de los califas, corresponden momentos de tolerancia intercultural, porque cristianos, judíos y musulmanes compartían espacios de convivencia en ciudades como Sevilla.

Y fue precisamente esa tolerancia la que llevó al desarrollo del conocimiento en el que destacaron personalidades como Ibn Rushd (Averrois) y Maimónides en filosofía; Ibn al-Haytham (Alhazen) en matemáticas y astronomía; Abulcasis (al-Zahrawi) en medicina o Abbas Ibn Fernás en aeronáutica. Sus estudios y descubrimientos permitieron el desarrollo y avance posterior de la ciencia moderna. 

Pero también al Al-Ándalus fue un periodo de esplendor económico, porque la agricultura vivió una auténtica revolución que aumentó la productividad de los cultivos y la diversidad de los productos agrícolas, creándose, además, jardines y huertos que reflejaban la importancia de la naturaleza y el respeto que merecía y que luego emularían las principales capitales europeas. Todo esto propició crecimiento y progreso en ciudades como Sevilla.

En Al-Ándalus el arte constituyó una maravillosa fusión de estilos y tradiciones reflejada en la música y la arquitectura que afortunadamente ha llegado hasta nuestros días y se han convertido en emblemas culturales identitarios como la Giralda de Sevilla.

Y de Al-Ándalus fueron los poetas Ibn Zaydun y Al-Mutamid cuyas obras están en sintonía con la preocupación medioambiental actual. Porque Al-Ándalus demostró que tan importante era el progreso científico como el respeto y la conservación del medio ambiente, concienciación interiorizada hoy en la ciudadanía de Sevilla.

Al-Ándalus nos legó el acento, la aspiración de la “h” y el rico vocabulario tan presente en el andaluz y en Sevilla. 

Al-Ándalus ya contaba con casas de salud en las que se aplicaba una medicina integral, fomentaba la higiene y la salud pública y contaba con mercados organizados y calles empedradas que no volverían a verse hasta el siglo XIX.

Al-Ándalus, además, ofrecía escuelas y bibliotecas y una educación abierta a las tres religiones en edificios como el que está previsto construirse en Sevilla, con espacio para el culto, comedor y obras sociales y que boicotean los de ultraderecha del Consistorio sevillano.

La convivencia, la tolerancia, la cultura y el afán de progreso de aquellos 800 años no han sido borrados de nuestro ADN y "ojalá" no lo borren ahora los encefalogramas planos que gobiernan el Ayuntamiento de Sevilla.


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