Estamos encantados con el resultado de las elecciones en Andalucía. Por fin llegará la ultraderecha al gobierno y con ella junto al PP la solución a todos los males que nos aquejan a los andaluces.
Ambos partidos llevan en su programa electoral la bajada de
impuestos, incluso “radical” dicen los de Vox, algo que nos ilusiona porque así
en lugar de destinar más del 25% de nuestro salario a los servicios sociales, a
la sanidad y educación pública y a la mejora de las carreteras entre otros
destinos, podremos gastárnoslo en lo que nos de la gana, porque podemos
pagarnos los médicos privados y sus recetas que no cubre la Seguridad
Social, a nuestros hijos la FP y la universidad privada y a nuestros
abuelos las residencia de 3.000 euros al mes, por supuesto sin tener que
esperar la tediosa resolución de la Ley de Dependencia. Además, podemos lucir
coches de alta gama para correr en carreteras de pago.
Gracias al tándem de ultraderecha que nos gobernará,
volveremos a beneficiarnos de la exención de impuestos patrimoniales, como ya
lo hizo Bonilla en 2019 (su primera medida estrella) bonificando a los que
heredaban más de un millón de euros por hijo que eran los que establecía la ley
que tenían que pagar, pobrecillos.
Y nos parece maravilloso que con la continuidad del PP en el
gobierno de Andalucía y ahora, además, ilustrado intelectualmente gracias a los
largos apellidos de los candidatos de Vox, deporten a los inmigrantes que tanto
afean nuestras calles y realizan los trabajos que quieren hacer los andaluces.
Como igualmente hicieron los cuatro millones de desarrapados españoles que
emigraron durante la dictadura a Alemania, Francia, Suiza, Bélgica o Venezuela
para también quitarles los trabajos y vivir en guetos comiendo tortillas de
patatas.
Y menos mal que a partir de mañana imperará “la prioridad
nacional” y no se encontrarán en los servicios públicos (quien los use) a los
inmigrantes pobres y así podrán seguir utilizandolos los ricos
inmigrantes británicos y alemanes, ellos que no se preocupan en aprender el
español, ni en conocer nuestras costumbres, pero visten de marca y podrían
confundirse con cualquiera de nosotros.
Pero, sobre todo, estamos encantados en dejar de ver los
burkas que aterrorizan nuestra vista todos los días. Vox ha venido a
eliminarlos de nuestras vidas, como a los “mena” que huyendo del hambre y la
guerra que sus países de origen no resuelven se pasan el día violando a
nuestras jóvenes y robando en nuestras fincas.
Y la vivienda podrá seguir siendo nuestro negocio a precios lucrativos sin intervención estatal para que la pague quien pueda. No está hecha la miel para la boca del asno.
Si Dios quiere y en cuanto se vaya pudiendo, poco a poco los gobiernos de derechas devolverán la decencia prohibiendo el aborto, la eutanasia, el divorcio e incluso la homosexualidad, imponiendo la verdad sobre la mentira de la violencia sistémica contra las mujeres ya que un bofetón es pedagogía en una tierra plana en la que la ciencia
y la ecología son una amenaza.
Los argentinos ya nos llevan ventaja con la jornada laboral
de doce horas y las vacaciones a la carta del patrón y los americanos al
proponer el voto familiar que correspondería al marido al
ostentar mayor autoridad y mejor criterio para garantizar el triunfo de la derecha.
Estas elecciones autonómicas serán históricas, inaugurarán
un nuevo tiempo en el que, por fin, cada cual ocupará el lugar que le corresponde.

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