Bugonia

 


Hay que ser un idealista para creer que de la descomposición salga algo hermoso, como de la putrefacción de un buey una abeja. Que hay esperanza en estos días en los que los cretinos se multiplican exponencialmente. Que aún la humanidad tiene redención. Y esta idea es la que subyace bajo el título Bugonia, el último trabajo de Yorgos Lanthimos en el que reparte estopa por igual a las grandes corporaciones farmacéuticas como a las teorías de la conspiración.

Dos jóvenes estigmatizados socialmente por su vulnerabilidad (un autista y un hijo de madre drogodependiente) son atrapados por las redes de internet en la que circulan teorías conspiranoicas a las que se aferran ante su desolación vital, mientras la industria de la farmacia registra beneficios inmorales para los que no escatima en tratar a las personas como ratas de laboratorio.

Yorgos Lanthimos lleva hasta el esperpento y la comedia la descripción de esta realidad para hacer atractivo el continente, porque el contenido es polémico y aterrador. Y para ello nos hace empatizar, en parte, con los marginados conspiranoicos, víctimas de su propia ignorancia y de la malevolencia de aquellos que encuentran en internet la atalaya desde la que vomitar paranoias mentales como si tuvieran visos de verdad.

Jesse Plemons en el papel de protagonista masculino despliega sus dotes de actor tan reconocidos en su última trayectoria filmográfica, compitiendo en altura con Emma Stone que fascina con una sublime interpretación que atraviesa el cristal de la cámara para interpelarnos y hacernos cómplice de sus pensamientos.

Y Aidan Deibis, con su propio rol de autista, contribuye a subrayar la marginalidad a que las sociedades actuales condenan a la diferencia.

Con un guion trepidante, una magistral puesta en escena que nos recuerda a Pobres Criaturas, una música que araña las escenas y un final atronador, Yorgos Lanthimos remarca en esta delirante metáfora que el cine puede ser comercial, bello y crítico. Todo un alarde de inteligencia.

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