Cuando hace dos semanas la situación apocalíptica que se intuía tras la historia de Sirát y que pertenecía sólo a la diégesis cinematográfica no nos podíamos imaginar que en este breve espacio de tiempo se convertiría en la premonición de un escenario real situado en Oriente Medio, protagonizado por Israel y azuzado por Estados Unidos.
Hoy nos encontramos más cerca que nunca de que la realidad supere a la ficción, después de haber presenciado impertérritos la aniquilación del pueblo palestino de Gaza, siguiendo cada una de las acepciones que los diccionarios recogen sobre el significado de genocidio.
Pero el Gobierno de Israel no tenía suficiente con asesinar y desplazar a los supervivientes palestinos para arrebatarles sus territorios que luego Trump convertirá en el nuevo resort de Oriente Medio, tenía que amedrentar a Irán, no fuera a que de pronto a estos se les agotara la paciencia ante la barbarie practicada en Gaza y decidieran hacer uso de su tecnología de uranio enriquecido.
Había que bombardearles e iniciar lo que se puede convertir en una espiral de violencia que finalmente obligue a los países del mundo a posicionarse de un lado o de otro, como en la misma película Sirát se escuchó en el telediario de una humilde casa argelina en la que no había nadie.
Como en el film de Oliver Laxe, todos los seres humanos terminaremos más pronto que tarde siendo refugiados, huyendo sin saber a donde y preguntándonos qué fue lo que ocurrió para que el mundo se hiciera trizas.
Y mientras tanto que si eran galgos o podencos, que si a la Virgen Macarena no la han dejado guapa o a ver quien gana la siguiente competición de futbol.

Comentarios
Publicar un comentario