Con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente que
se celebra hoy 5 de junio recordamos a las langostas. Esos insectos
estigmatizados en el Antiguo Testamento que, desde entonces y hasta nuestros
días hacen lo único que saben hacer: llegan, comen y se van. Pero éstos, no son
más que animales cuyo comportamiento corresponde a lo que les ordena su
genética, a diferencia de las langostas que nos gobiernan.
Llegaron al poder para terminar con el paro y,
como diría su presidente, para hacernos felices. Nada más lejos de la realidad:
el paro se ha incrementado superando ya los 6 millones de desempleados y muchas
familias españolas, muy empobrecidas, han olvidado el significado de la
felicidad. Realmente este gobierno, como las langostas, arrasa con todo, y
tenían previsto que el próximo 8 de julio, la Reforma Laboral mostrara su
auténtico rostro, dejando sin validez los Convenios Colectivos que llevaran más
de un año denunciados. Gracias al acuerdo recientemente alcanzado entre los sindicatos
mayoritarios y las patronales, la desprotección prevista para los
trabajadores/as se ha podido frenar, por el momento. El mencionado acuerdo abre
un paréntesis en la contrarreloj prevista por el Gobierno para eliminar todos
los derechos laborales adquiridos.
Estas langostas proclaman mercados sin regular
por los Estados en pro de un capitalismo salvaje, mientras interfieren en las
negociaciones entre patronal y sindicatos. Anuncian políticas para autónomos,
pero sólo permiten que los que facturen más de 2 millones de euros al año no
paguen el IVA hasta cobrar las facturas. Presumen del aumento de la eficacia en
las oficinas del INEM pero sólo llaman a los jóvenes que cobran el desempleo en
perjuicio de los mayores de 45 años y parados de larga duración. Desde que
llegaron desmontan el Estado de Bienestar y lo convierten en un negocio para
sus amigos.
Congelaron nuestros salarios, después nos
quitaron la catorceava parte del salario bruto anual y, luego nos lo volvieron
a congelar. Desde que aparecieron, nos negaron las aportaciones a nuestro plan
de pensiones.
Desde que los conocemos actúan como las
langostas. Llegan, comen, y… con suerte, se irán.
Igual sería oportuno, ahora más que nunca, hacer
caso a las últimas recomendaciones de la OMS sobre los insectos.

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