La diferencia

Las espigadoras (Jean Francois Millet)

Una “respetable” señora mayor, de pelo cardado y vestida de marcas de alta costura, comentó en cierta ocasión que: “¿cómo era posible que una cualquiera llevase un bolso Loewe?”. Y un joven no de “tan noble cuna” expresó en otro momento que: “ya hasta en el Tussam olía a Versace”. Y es que las diferencias se estaban reduciendo como consecuencia de que cada día había menos desigualdades. Ese era uno de los objetivos del estado social: que las clases perjudicadas, pudieran disfrutar de bienes de consumo que sólo habían estado al alcance de las clases adineradas.
Esas diferencias que tanto gusta a los poderosos y que son las que dan sentido a su designio divino de colocarse por encima de los demás, han sido las que fueron diluyéndose en los últimos tiempos, a pesar de la resistencia de aquellos que siempre han querido distanciarse de la mayoría.
Esperanza Aguirre, condesa de Bornos y grande de España es icono en sí misma de esa antigua reivindicación de clase. Los de clase alta, adinerada, acomodada, élite y demás adjetivos que llenarían un pupitre de glamour, siempre han querido diferenciarse y por ello, ahora arremeten contra todo lo que significa reducir la desigualdad. Aguirre acaba de manifestar que si por ella fuera, lo privatizaría todo. Lógicamente respondiendo a su ideario de mantener, asegurar y perpetuar la diferencia. Por ello arremeten contra la educación para que la pública se reduzca a recoger a las futuras obreras, limpiadores y asistentes, y en los colegios y centros universitarios privados puedan estar sus hijos donde aprenderán a dirigir las industrias, las empresas y el gobierno, respondiendo así a su legítimo destino.
En la sanidad, el gran negocio que quieren acaparar, también debe haber diferencia, para que nadie vuelva a repetir las palabras de Rosario Valpuesta en relación a que la democracia es que la rectora de una universidad y una portera de colegio estén juntas recibiendo el mismo tratamiento de quimioterapia. ¿Dónde se ha visto esto? diría la señora repeinada del bolso Loewe. La sanidad pública con menos recursos cada día según la hoja de ruta de este gobierno se debe convertir en una beneficiencia destinada a esa mayoría de pobres que se incrementa por minuto, mientras la sanidad privada y lucrativa estará reservada para los que la puedan pagar. Hasta el Registro Civil, los servicios on-line de la Seguridad Social y los montes públicos de Castilla-La Mancha se privatizan, de modo que pronto habrá que pagar por respirar, logrando el propósito de hacernos más pobres y más visibles a los ricos.
Rajoy nos vuelve a acusar el mantra: “habéis vivido por encima de vuestras posibilidades, comprando coches de alta gama y hasta televisores de plasma, así como alguna que otra casa en la playa”. Sin embargo lo que subyace bajo esas palabras es ¿qué os habíais creído? Esos coches, esos televisores y las casas en la playa son la Diferencia entre vosotros y nosotros.
Por ello quieren desmontar el Estado de Bienestar y convertirlo en un Estado Estamental en el que las clases vuelvan a estar bien diferenciadas. Y a este objetivo de acabar con todo, en beneficio de unos pocos, responde la estrategia del gobierno de no querer acordar ningún pacto por el empleo ni con la oposición ni con los sindicatos. Prefiere aplazar la creación de empleo para el momento electoral que más le conviene. El pistoletazo de salida no ocurrirá hasta la segunda mitad de la legislatura y procurará que los resultados se aprecien en vísperas de las elecciones. Será entonces cuando se interesen por reducir el paro y dirán que es gracias a las medidas aplicadas. Y habrá quien les crea. Pero, para entonces, mucho habremos perdido, seremos más pobres, más desiguales y las condiciones laborales nefastas. Habrán conseguido lo que buscaban que haya Diferencias, aunque entre ellas, se encuentre la que mejor les retrata: con quién y contra quienes están.
No obstante no deberían haber mostrado tanta preocupación, como ya dijera Manuel Vicent en su artículo “Perdices”: “Nadie les va a quitar las fincas rústicas o urbanas, podrán continuar matando cochinos, venados y perdices hasta el final de sus días, seguirán saludando con una cigala en la mano a sus amigos en las marisquerías, los notarios y registradores serán siempre sus aliados naturales, darán dentelladas de escualo en los despachos insonorizados y después de una vida llena de tajadas volarán al cielo, donde serán recibidos por Dios con los brazos abiertos bajo una lluvia de mazapán (…)”
Sin embargo, la mayoría de la gente no quiere ser como ellos, quiere que les dejen ser ellos mismos: que puedan decidir su maternidad y si escogen traer al mundo a un bebé discapacitado que el Estado le ayuda con la Ley de Dependencia; que puedan llevar a sus hijos a colegios públicos de calidad; que les asistan en los hospitales sin pedirles la cuenta corriente y que las condiciones laborales se discutan en Convenios Colectivos. Y todo esto, sólo lo garantiza un Estado Social. Ésta es la diferencia.


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